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Image by Anthony Aird

Meditación Bogotá

Un espacio contemplativo para detenerte y mirar lo que queda cuando todo se aquieta.

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En Mauna Bogotá encuentras espacios de meditación en un formato íntimo: sesiones individuales, encuentros grupales y cursos largos, guiados por Zamira Cifuentes, con más de 20 años de práctica.

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Puedes empezar con o sin experiencia previa en la sede en Bogotá o en línea.

El enfoque de las sesiones es que aprendas a familiarizarte con la quietud/el no hacer, a observar con amabilidad el contenido de tu mente y a encontrar el camino sin esfuerzo, hacia una atención estable que te lleve a experimentar la vida desde un lugar de ecuanimidad y sabiduría.

¿qué tipo de
meditación
vas a encontrar?

La práctica en Mauna nace del Advaita Vedanta y de la indagación: en lugar de perseguir un estado, volvemos la atención hacia su propia fuente.

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Es una meditación no-dual, poco frecuente en Bogotá. Casi toda la meditación te enseña a hacer algo con tu mente: calmarla, concentrarte, alcanzar un estado. Esta práctica va al revés: aprendes a parar y a notar la calma que aparece sola cuando dejas de esforzarte. No-dual quiere decir que eso que buscas y tú nunca fueron dos.

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Si estás buscando una guía en meditación, mindfulness o una forma de calmar la mente, este es el mismo camino llevado a su raíz.

las formas de encontrarnos

01

Presencial 1 a 1 en Bogotá | opción online

Para acompañarte en el camino de la meditación, aclarar dudas y compartirte paso a paso las prácticas que necesitas.

Duración 1h | Valor $150.000 | Reserva aquí

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02

Presencial Grupal en Bogotá (cupo 6p)

Para practicar en compañía y sostener el hábito.

Duración 1h 30min | Valor $60.000

Últimos sábados de cada mes:

Octubre 24, noviembre 28.

Reserva aquí

la importancia de cultivar la practica

Al sentarte en quietud, el sistema nervioso baja de revoluciones: la respiración se calma, el cuerpo deja de estar en alerta. 

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Encuentras distancia con los pensamientos: aprendes a ver los pensamientos llegar y pasar en lugar de irte con cada uno. Reaccionas y juzgas menos.

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La atención normalmente se va hacia afuera, hacia el siguiente estímulo. Sentarse la entrena a descansar. Llega un punto en que puedes estar contigo sin necesitar una pantalla, una tarea, algo que te distraiga. La incomodidad del "no hacer" pasa, encuentras una calma estable.

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Una sentada te calma; la repetición cambia el suelo desde el que vives. Volver al cojín cada día, aunque no "pase nada", es donde ocurre lo que importa. La constancia suma más que la intensidad.

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El objetivo de sentarte no es llegar a un estado especial. La quietud del cuerpo se vuelve espejo de una quietud que ya estaba debajo del ruido.
Cada vez que nos sentamos, el "yo" que piensa y reacciona se vuelve más transparente, y la vida pesa menos. 

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