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zamira

Nací en Bogotá. Tengo 48 años y soy madre de dos hijos.

Más que cualquier dato de mi vida, lo que me define es una pregunta que se instaló en mí desde muy joven y que nunca me ha abandonado:

¿quién soy en verdad?

Desde temprana edad, el yoga llegó a mi vida como un camino hacia adentro, más allá del ejercicio o la disciplina. Con el tiempo incorporé la práctica de ayunos largos y algo en mí se abrió: como si el silencio del cuerpo despertara una escucha más fina, una sensibilidad que no sabía que existía, una conexión más desnuda con la vida misma.

Desde los 24 años, mi vida ha girado alrededor del estudio del Ser. Me formé en diferentes estilos de yoga, exploré diferentes técnicas de meditación, tradiciones espirituales, medicinas de la tierra y prácticas de sanación. Cada uno de esos caminos me llevó a descansar en una misma comprensión: que aquello que busco y aquello que soy no son dos cosas distintas.

En 2011 abrí mi primer estudio de yoga. Ahí empezaron los retiros de silencio y los espacios uno a uno, y fui descubriendo el encuentro profundo con otros. Tres años después, en 2014, nació Yoga Viva en Bogotá.

Lo que empezó como un estudio, con sedes también en Medellín y Chía, se fue convirtiendo poco a poco en algo más orgánico y vivo: una comunidad. Catorce formaciones de yoga, años de enseñanza, de aprendizaje y de transformación compartida.

A finales de 2025 llegó una claridad,  era tiempo de cerrar ese capítulo.


Entonces llegó Mauna. Un espacio que se fue dando solo, como algo que se recibe, que habla de lo que soy y de lo que vengo a compartir: la invitación a detenerse, a voltearse hacia adentro, a descubrir que en el fondo de todo silencio hay algo que siempre ha estado despierto.


Hoy mi gran inspiración son las enseñanzas del Advaita Vedanta, la mirada no dual: eso que señala que aquello que buscamos nunca ha estado separado de lo que ya somos.

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