Una sesión en Mauna empieza por una conversación.
Escucho lo que traes, sin prisa.
De ahí abrimos perspectiva: empezamos a observar lo que de verdad está pasando y lo llevamos a algo más simple.
A veces aparece una pregunta que desordena lo que dabas por cierto.
Luego entramos en quietud. Un espacio para meditar, para respirar, un reposo en oscuridad, donde lo que se observó empieza a integrarse.
Y en esa quietud algo por dentro se mueve: se activa una toma de conciencia.
Una sesión en Mauna es un encuentro para soltar la mente y volver a lo que siempre está ahí: la presencia, la gratitud, el corazón.
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Lo que se mueve en una sesión necesita tiempo para asentarse y ese tiempo es tuyo.
Después del encuentro queda una tarea: dejar que esa nueva información se integre, que baje de la cabeza al corazón, sin afán.
Cuando sientas que quieres seguir, te espero.
