El origen de estos programas está en el Advaita Vedanta - la no dualidad.
De manera breve, te explico su fundamento: Vivimos sintiendo que hay dos cosas separadas: un yo, aquí adentro, y el mundo, allá afuera. Esa separación no es tan real como parece, no existe una línea real donde terminas tú y empieza el mundo.
Cuando nos creemos un fragmento separado, encerrado en un cuerpo, nos sentimos ansiosos e incompletos, siempre buscando algo que nos llene (en cosas, en logros, en experiencias) y siempre quedando al final, un poco insatisfechos. La no dualidad no pide creer lo contrario, pide observar en lugar de pensar sobre la experiencia, observarla directamente y comprobar, por uno mismo, si esa separación existe.
Las primeras formulaciones de esta mirada se encuentran en los Upanishads, textos sánscritos compuestos entre los siglos VIII y III antes de Cristo. Ahí aparece, por primera vez con claridad, la pregunta que atraviesa toda la tradición: ¿quién soy yo? como una práctica espiritual.
En el siglo VIII de nuestra era, un maestro y filósofo llamado Adi Shankara recogió esa mirada dispersa en los textos antiguos y la articuló en un cuerpo coherente de pensamiento y práctica.

Asentar.
El primer movimiento. Aprender a estar sin tener que estar de ninguna manera particular. Volver al cuerpo, a la respiración, al espacio entre pensamientos, a la escucha. No para alcanzar un estado, sino para reconocer lo que ya ocurre cuando se deja de buscar.
Atención es la entrada. No pide experiencia previa. Solo la disposición a sentarse y notar lo que ya está.

Preguntar.
El segundo movimiento. Sostener una sola pregunta: ¿quién soy? hasta que deja de tener respuesta. Más que un ejercicio filosófico, es una práctica viva que va soltando, una a una las identidades con las que nos confundimos. Lo que queda al final es lo que estaba observando todo el tiempo.
Indagación profundiza lo que Atención asienta. Pide cierta base contemplativa: sentirse cómodo en la quietud.

Descansar.
El tercer movimiento, y el cierre del recorrido. Reconocer el espacio del corazón como un suelo más profundo que la mente. Un lugar al que se vuelve cuando la atención cae al pecho y descansa ahí, donde nada tiene que sostenerse, donde la búsqueda termina.
Corazón es el reposo después del camino. Se sostiene mejor cuando los dos movimientos anteriores ya se han vivido, cuando la atención está asentada y la pregunta se ha aquietado.
Asentar, preguntar, descansar | La atención, la indagación, el corazón.
Cada programa vale por sí mismo. Pero juntos forman un arco: el de quien aprende a estar, descubre quién está, y finalmente reposa en lo que siempre estuvo.
La intención: simplificar. Menos esfuerzo, menos búsqueda,
menos distancia entre tú y lo que ya eres.
una tradición entre muchas
La intuición de que hay algo más fundamental que el yo separado, algo que no nace ni muere, que sostiene toda experiencia sin ser ninguna experiencia en particular, aparece con lenguajes distintos, en casi todas las tradiciones contemplativas.
Los místicos cristianos lo llamaron el fondo del alma, la chispa, el castillo interior. Los sufíes hablaron del corazón espiritual, el qalb. El budismo señaló la naturaleza original de la mente. El taoísmo, el Tao que no puede nombrarse. Los nombres cambian. La dirección a la que apuntan, no.
En Mauna trabajo desde el Advaita porque es la tradición que ha estado más presente en mi.
Pero no la presento como la única verdadera. La muestro como una de las vías más limpias y directas que te llevan al reconocimiento de lo que tú eres, antes de cualquier nombre.
